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La novela histórica entre la realidad y la ficción


La novela histórica es sin duda uno de los géneros de literatura más vendidos. A pesar de que la crítica no suele ser muy clemente con este género literario, lo cierto es que cuenta con un nutrido grupo de seguidores muy fieles. Y es que la ficción de ambientación histórica otorga a los autores un enorme conjunto de posibilidades para recrear épocas pasadas  y/o  basarse en personajes que existieron en la realidad.

Pero la novela histórica supone también una posibilidad de desterrar determinados tópicos de la mente de los lectores y de aportarles una visión más completa y vívida de los modos de vida de los tiempos pretéritos.

Los estudiosos suelen citar como obras iniciales de este género literario en Occidente a Waverley (1814) e Ivanhoe (1819) ambas de Walter Scott. Aunque hay quien va más allá y plantea si determinados mitos o algunos pasajes de la Biblia no podrían incluirse también en este género.

Käte Hamburger es una profesora alemana que en su ensayo “La lógica de la literatura” plantea que “cualquier escritor de ficción transforma la materia histórica de la novela en materia no histórica”. Y es que al final, suele ser más importante atender  a la representación veraz del ambiente de una época que a los hechos históricos en sí. En una novela la lógica narrativa se impone sin duda sobre la real.

Existen diferentes tipos de novelas históricas

También se da otro fenómeno, el de novelas que se crean en una época dada y tratan de mostrar cómo es la vida y la sociedad en los años que al autor le tocó vivir y acaban siendo un paradigma de esa época. Como por ejemplo toda la serie de la Comedia Humana de Balzac, que hoy se identifica claramente con el estilo de vida de la Francia del s.XIX.

La inglesa Lindsey Davis es una de las autoras de novela histórica más vendidas hoy en día. Con la serie dedicada al detective Marco Didio Falco, ambientada en la época del emperador Vespasiano, ha sabido reflejar la Roma de esa época como nadie y enganchar a millones de lectores de todo el mundo con el género híbrido que combina novela histórica y de investigación.

Por qué es importante la maquetación de un libro


Es evidente que lo más importante de un libro siempre es su contenido, pero la manera de presentar ese contenido también es muy importante para que facilite la tarea de la lectura. Esta es la labor de la maquetación, se puede definir como “la parte del diseño editorial que se encarga de organizar en un determinado espacio los diferentes contenidos escritos y visuales en medios impresos y electrónicos como libros, revistas, diarios…

Tradicionalmente eran las editoriales las que se encargaban siempre del proceso de la maquetación, a través de su personal especializado. Hoy en día con la democratización de las tecnologías y el auge del fenómeno de la auto publicación, son cada vez más los autores que se encargan de maquetar sus obras. En cualquier caso, siempre es muy importante dar un aspecto lo más profesional posible, una buena maquetación ofrece una imagen de orden y claridad que contribuye a mejorar la valoración de la obra.

Maquetar es un proceso laborioso

Maquetar en definitiva consiste en elegir la imagen final de un libro y la distribución de los diferentes elementos a través de las páginas. En primer lugar hay que decidir cuál es el formato más idóneo para el libro (A5, 15×21, 15×23, etc.), también las tipografía, si se trata de un libro impreso se recomiendan las serif. Los márgenes, es importante que no se vea el texto muy abarrotado sino que haya un equilibrio con los espacios en blanco y la estructura del libro.

Si la obra cuenta con imágenes es importante que estas tengan una buena resolución, entre los 150 y los 300 ppp, y que empleen el modelo de color CMYK que nos garantizará una correcta impresión.

Hay que tener en cuenta que los libros suelen contar con unas páginas fijas de cortesía. También hay que atender a los encabezados, los pies de página y las notas si las hubiera. Diseñar un índice, etc.

En definitiva una buena labor de maquetación es fundamental para que el resultado visual del libro sea armonioso y facilite su lectura.

Cosas que seguramente no sabes sobre Madame Bovary


Madame Bovary es sin duda la obra maestra de Gustave Flaubert. Se ha convertido en todo un clásico de la literatura que a pesar de ser un ejemplo claro de la política y la sociedad de su época (mediados del s.XIX) sigue manteniendo un poso de actualidad, como lo demuestra el hecho de que aún hoy se hagan adaptaciones al cine de ella.

Y es que Madame Bovary no deja de ser un ejemplo del arquetipo de la mujer que entra en una crisis vital porque no se conforma con una vida monótona y rutinaria. Pero ¿sabías qué?

  • El nombre de Madame Bovary se aplicó a una enfermedad de tipo psicológico en la que la persona siente una constante frustración por la distancia existente entre sus deseos y la realidad. Hoy en día, el bovarismo también está extendido.
  • Flaubert se inspiró en una mujer real para construir a su personaje. La persona que se encuentra tras Madame Bovary era la segunda mujer de un médico rural de Normandía conocido de sus padres y se llamaba Delphine Delamare, que se suicidó a los 26 años dejando una hija de 6 y claro está amantes y deudas.
  • Madame Bovary fue una obra publicada por entregas en 1856, en la Revue de Paris. Fue un auténtico éxito entre el público, pero también considerada demasiado escandalosa para la pacata moral de la época. Eso hizo que tanto Flaubert como su editor fueran procesados acusados de  “ultraje a la moral pública y religiosa y a las buenas costumbres” en 1857. Sin embargo, su final de tipo moralizante hizo que finalmente la obra saliera bien parada a diferencia de lo ocurrido con su coetánea “Las Flores del Mal” de Baudelaire.
  • En un ejemplo de la doble moral imperante en la época, años  después se descubrió que quien actuó como fiscal contra Madame Bovary, Ernest Pinard, era un autor de poemas eróticos que publicaba de modo anónimo.

En cualquier caso es una obra de muy recomendable lectura.

Por qué triunfa la novela negra


La novela negra es uno de los géneros que más triunfan hoy en día. El éxito de obras como la “Trilogía del Baztan” de Dolores Redondo, las historias del comisario Montalbano de Andrea Camilleri, o las del comisario Brunetti de Donna Leon son solo un ejemplo de ello.

En principio, puede parecer extraño que personas normales y corrientes disfrutemos con la lectura de hechos escabrosos perpetrados por asesinos en serie, a veces macabros, que logran ponernos la piel de gallina. Pero es que la novela negra, si está bien llevada, tiene muchos elementos que consiguen engancharnos a la historia.

La novela negra es un juego que despierta nuestra curiosidad

Si algo nos define a los seres humanos es nuestra curiosidad innata y la novela negra despierta nuestra curiosidad de muchas maneras diferentes. En primer lugar, necesitamos entender la motivación del asesino que tiene que ser un personaje creíble. ¿Qué puede llevar a un ser humano cualquiera a cometer ese tipo de actos? En “El cuarto Mono” J.D Barker intercala en la narración partes del diario del asesino, eso nos permite escuchar directamente su voz y entenderle mejor. Además, los asesinos suelen llevar dobles vidas, un detalle que nos suele resultar fascinante.

Tampoco perdamos de vista que, desde pequeños, se nos enseña que hacer daño está mal, por eso las novelas negras pueden ser también una especie de desahogo de nuestras emociones negativas. Puede que esto suene un poco a terapia psicológica pero no por ello deja de tener algo de sentido.

Además, en las novelas negras establecemos una especie de juego con el autor, tratamos siempre de adelantarnos a los acontecimientos, de ir un paso por delante. Pero si la trama de novela está bien trazada, el autor siempre conseguirá dar un giro que nos sorprenda y nos mantenga enganchados un capítulo más.

Libros para regalar a los amantes del cine


El cine siempre ha estado desde siempre ligado al resto de las artes. Desde sus orígenes bebe de la pintura, se apoya en el valor emocional de la música y utiliza en ocasiones los argumentos de la literatura. A la inversa, el resto de la las artes también se han apoyado en él. Además, son muchos los libros que analizan la historia, los métodos de hacer y todos los temas relacionados con el cine. Libros que cualquier cinéfilo estaría encantado de tener en sus estanterías.

El cine según Hitchcock
Este libro se ha convertido ya en un clásico entre los libros de cine. Se trata en realidad de una conversación de más de 50 horas en la que François Truffeau y Alfred Hitchcok hablan de todo lo que saben sobre cine. Enseñanzas imprescindibles para todo aquel que quiera profundizar en el mundo del séptimo arte.

Historia del Cine de Román Gubern
Publicado por primera vez a finales de los años 60, este manual sobre la historia del cine no ha dejado de reeditarse desde entonces. Más de 600 páginas que se utilizan como manual de referencia en las escuelas de cine.

Esculpir en el tiempo de Andrei Tarkovski
Un libro en el que el cineasta ruso desarrolla sus ideas sobre el cine como arte a la par que analiza sus películas.

¿Qué es el cine? de André Bazin
Este libro recoge los ensayos del fundador de la prestigiosa revista ¿Cahiers du Cinéma?.

El cine que nos abrió los ojos de Gemma Nierga y Jaume Figueras
Un libro más informal que los anteriores que hace un recorrido por las películas de diferentes géneros que marcaron a los autores.

El cine comienza con Goya de Juan Pedro Quiñones
El cine utiliza un tipo de lenguaje característico, en este libro conocemos cuáles son sus orígenes.

¿Cómo se diseña la portada de un libro?


Todos hemos escuchado alguna vez eso de que ¿no se debe juzgar a un libro por su portada?. Pero lo cierto es que, la mayoría de nosotros, en una librería, más de una vez nos hemos sentido impelidos a hojear un libro porque nos atrae su portada. Y es que, al fin y al cabo, la portada es la presentación del libro, y causar una buena primera impresión es siempre entrar con buen pie.

Lo saben bien los responsables de las editoriales, que cuentan con especialistas en el diseño de las portadas. ¿Os habéis fijado que las editoriales mantienen en las portadas de sus libros un diseño común, o al menos algún elemento que las identifica?

Entrando en materia diremos que la portada de un libro debe permitir al lector conocer su temática. Dicho de otro modo, la portada debe estar pues en relación directa con el texto. Todos los elementos que componen la portada tienen que guardar una relación armónica entre sí. La imagen o ilustración que se elija tiene que ser representativa del texto. Obviamente, será muy diferente la imagen elegida para la portada de un libro de temática romántica, más luminosa y alegre que para otro de novela negra más oscura e inquietante.

Pero también lo serán los tonos de color e incluso las tipografías elegidas. Una tipografía cursiva puede encajar muy bien en una novela histórica, pero quizás no le convenga a una novela de ciencia ficción.

Igualmente es muy importante mantener el mismo cuidado en el diseño de la contraportada. Este suele ser es espacio destinado a colocar una pequeña sinopsis del libro, que ni que decir tiene, debe ser lo suficientemente estimulante para terminar de convencer al lector de que esa es la lectura que busca. También puede situarse una presentación somera del autor. Y todo debe hacerse manteniendo una armonía de diseño.

Las Hermanas Bronte: escritoras adelantadas a su época


Apostamos a que hoy en día pocas personas sabrían responder sobre quiénes son los hermanos Bell, cuyas obras triunfaron en el s. XIX.Y es lógico, porque en realidad no existieron. Ese era el pseudónimo que se vieron obligadas a emplear las hermanas Brontë para que sus libros fueran publicados.

La mentalidad victoriana que imperaba en su época hacía que se considerase que las mujeres tenían que hacerse cargo de su casa, bajo el amparo primero de su padre y luego de su marido. Pero las hermanas Brontë no encajaban en esa ecuación.

Emily, Charlotte y Anne eran junto a su hermano Branwell los hijos supervivientes de los seis que tuvieron un pastor anglicano y su esposa también fallecida prematuramente. La tuberculosis arrancó muchas vidas en aquella época.

Las hermanas Brontë eran pobres, tenían una salud endeble y al parecer no eran muy agraciadas para los cánones de la época. A lo que podemos sumar que eran mujeres cultas y con un gran carácter. Todo ello no las convertía en un buen partido.

Las tres hermanas y también su hermano se decantaron por volcar sus frustraciones, fantasías e ideales en el arte, ellas en la literatura y Branwell en la pintura. Pero sus obras eran rechazadas por los editores que consideraban que las mujeres no tenían el suficiente talento como para dedicarse a la literatura. Decidieron entonces firmar con nombres masculinos y sus obras, en principio denostadas, pasaron a ser las más leídas en Inglaterra.

Las mujeres que pueblan sus libros son fuertes, decididas y apasionadas quizás como ellas mismas. Además, las Brontë no dudaban en escribir sobre temas considerados tabú en su época. A la muerte de sus hermanos, Charlotte, trató de restituir a su manera el nombre familiar.

Hoy en día, el cine sigue realizando versiones de Cumbres Borrascosas de Emily, de Jane Eyre de Charlotte o de Agnes Grey de Anne, reconociéndolas como mujeres adelantadas a su época.